Mi abuela era muy sabia. Me decía: nunca se case enamorada mijita. Ese amor que usted pueda sentir, es como cuando un hombre está enculado. Qué es eso de sentir maripositas en la guata!!! ¿Cree, a caso, que le va a durar? No, darling, eso no dura.¿Dura lo que dura, dura? Bueno sí, dura un tiempo, pero proporcionalmente es tan cortito, que sirve sólo para que usted actúe como una loca mostrando lo mejor/peor de sí, y para el otro, exactamente lo mismo.

Pero no es nuestra esencia eterna la que se despliega en esos momentos, no pues cariño, ya le dije: es lo mejor / peor de uno mismo. Luego viene la calma. Luego, la rutina. Luego la apatía. Y cuando todo eso nos inunda, sólo nos pueden salvar tres cosas: el cariño, el respeto, y la conversación. Porque hasta la admiración puede arrancar por la ventana de cuando en vez.

Y cuando no quedan ganas de tirar como conejo ni las ansias de sentirnos como Cristóbal Colón viajando por el mundo sólo nos podemos aferrar a una sola cosa: las ganas de conversar.

Así que cuando usted piense que ése es “él” pregúntese primero, si acaso usted quisiera sentarse a conversar con él durante los próximos 50 años.

Sabia ella.

Sí, claro, lo reconozco,  he sido víctima de las pasiones; me vestí alguna vez con un jumper en un motel y participé de maratones sexuales con mi pareja. Saqué lo mejor y otras veces lo peor de mi, pero efectivamente, todo en algún minuto puede arrancarse por la ventana como un ladrón y uno finalmente se queda a solas, mirando al otro.

Pero antes que eso suceda las personas se enculan. Y cuando se enculan se pueden volver ciegas y estúpidas, tratando de entregar lo mejor que creen que tienen.

Entonces pueden llegar a prometer el oro y el morro por un polvo más, ó más rico, como si en eso se les fuera la vida.

Todos han pasado por lo mismo.

¿Cuándo aprender?

Nunca, parece.

Muchos siguen víctimas de sus instintos y si nos pillan volando bajo, con la autoestima por el suelo y luego de prolongados períodos de soledad; bastará sólo un guiñito, un par de cursilerías y un ademán de “te dejo inválido/a con un polvo” y páh, cacha.Y queda la zorra. Enculados. Literalmente.

Vamos jugando al perro y al gato, al paco y al ladrón. Y si se nos va toda la sangre al poto, las neuronas dejan de hacer sinapsis,  y vamos dejando cagadas tras cagadas a nuestro paso.

Porque nos sentimos power. Tirando a lo mejor con el amor de la infancia, pero poooooweeeer. Hasta ricos e inteligentes.

Nos levantamos cantando, lavamos los platos silbando y renovamos el clóset.

Pensamos (pensamos? really?) que éste es nuestro minuto así que el resto se espere. Y cuando me refiero al resto meta usted en este saco a los hijos, las cuentas, familiares, amigos, todos jódanse, chúpenla, yo lo estoy pasando como nunca, enculado. Me gasto todo el sueldo en carrete, compro muebles que no necesito, ropa de maraca/pimp  y hasta planifico viajes a paraísos perdidos para seguir cumpliendo mis fantasías.

El problema es que el enculamiento se acaba. Porque todo se tiene que acabar alguna vez, nada es para siempre también decía mi abuelita.

Y cuando el enculado ó la enculada de turno se da cuenta que era víctima de sus pasiones y que por más que lo intentó no pudo rehabilitar al susodicho de su eyaculación precoz (no pos querida, no a todos les pasa, la weá no es normal, y no se mejora sin tratamiento: think baby, think) quieren sentarse a conversar para ver si la relación se consolida.

Las mujeres nos proyectamos y lo presentamos en casa, el hombre finalmente da la cara y la presenta ante los amigos; pero ni familiares ni amistades se sienten ya interesados en conocer al enculador de turno que logró sacar lo peor de nosotros.

Volvemos a nuestra rutina y queremos pasar más tiempo con quienes nos han querido desde siempre, y es probable (sólo probable, y esto depende de cuán mal nos portamos mientras estábamos enculados y qué tan mala gente era nuestro enculador /enculadora) que si dejamos botados a nuestros hijos, amigos, y conocidos,  cuando nos desenculemos ya nadie quiera volver a estar con nosotros. O sea sí, nos pueden dar algunas migajas como limosna  pero créanme que ya nada será como antes.

Y ahí entonces también es probable que nos sintamos un poco solos, pensemos que las cagamos, y volvamos a buscar lo que me decía mi abuelita: alguien con quién conversar. ¿Por cuánto tiempo? Eso va a depender de qué tan tarados nos dejó el enculamiento. Si las neuronas quedaron medias moribundas ó si alguna parte de nuestra esencia de buenas personas aún vive.

Si no quedó nada, es probable que tengamos que buscar con quién más encamarnos. Buscando una actividad distinta cada noche para llegar a la casa simplemente a aturdirnos para no pensar porque como ya no tenemos con quién conversar, mejor no pensar en eso ¿no es cierto?

Moraleja:

Si está enculado, tire calladito. Verifique que no sea un chupa sangre roba almas y tire calladito.

Cúidense el culito queridos, pero cuiden más sus cabecitas y sus corazones, el culo se recicla: las personas no.

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